¿Es la obesidad una enfermedad hereditaria? Descúbrelo aquí


Es posible que hayas notado que tienes tendencia a aumentar de peso fácilmente. Si uno de tus padres o ambos lucen pasaditos de peso, pudieras pensar que quizás hayas heredado esa tendencia de ellos, por alguna relación que pueda haber entre la obesidad y la genética.

La obesidad se considera una epidemia a nivel mundial.  Primero afectó a los países desarrollados pero en los últimos años también a los países en desarrollo con economías muy pobres y frágiles, lo que determinado que se aprecien incrementos en los niveles de obesidad de forma paralela a la desnutrición.

Aunque se sabe que hay diversos factores ambientales que tienen influencia en la aparición  de la obesidad de manera decisiva, hay elementos que indican que existe alguna relación entre la obesidad y la genética por lo cual, esta enfermedad pudiera ser hereditaria en cierta medida.

Si te interesa conocer lo que hay de cierto en la relación entre la obesidad y la genética, y qué probabilidades tienes de padecer obesidad si tus padres son obesos, presta atención a la información que aquí te brindamos.

Conoce más sobre el tema: Obesidad infantil, un problema al que no debes darle la espalda

¿Qué es la obesidad?

El  exceso de calorías ingeridas durante  las comidas se acumula por nuestro cuerpo en forma de grasas. Este exceso de calorías se origina cuando ingresamos al organismo más energía de la que gastamos. El proceso de depósito  de grasas ocurre en el interior de las células que conforman el denominado tejido adiposo.  La principal  función de esta acumulación de grasas, es poder utilizarlas como fuente de energía en periodos en que no estamos consumiendo alimentos y el organismo la necesita. Por lo tanto, este proceso es de importancia vital para la supervivencia en el ambiente natural donde la disponibilidad de alimentos no es constante.

El consumo moderado de alimentos ricos azúcares contribuye en el control de la obesidad
Los alimentos ricos en azúcares aumentan el aporte energético y da como resultado el sobrepeso y la obesidad

Otras funciones del tejido adiposo también son importantes, como  por ejemplo el sostén de los órganos en el interior de nuestro cuerpo, el mantenimiento del calor corporal, la protección contra golpes, entre otras.

Sin embargo, cuando esta acumulación  de grasas es excesiva, se considera anormal y puede provocar alteraciones de la salud.  Este estado puede manifestarse como sobrepeso o como obesidad, dos etapas sucesivas del mismo proceso acumulativo de grasas.

La obesidad en nuestros días
La obesidad se produce por acumulación excesiva de grasas en el tejido adiposo

 

¿Cómo puedo reconocer que padezco de  obesidad o sobrepeso?

Esta pregunta resulta extraordinariamente importante. Se sabe que en cuestiones del peso corporal, no podemos confiarnos en la simple opinión de los que nos rodean, ni siquiera en la opinión propia. Muchos factores pueden influir en esta visión subjetiva del peso corporal.

Por ello, se han desarrollado métodos que a través de mediciones permiten determinar de manera objetiva, si la persona tiene un peso normal o no, y en este último caso, cuál es el grado de afectación que presenta.

Para esto puedes recurrir al cálculo o  determinación del Índice de Masa Corporal,  comúnmente reconocido por sus siglas IMC. Este es uno de los métodos más sencillos y eficientes para la evaluación del peso corporal. Este método ha sido  recomendado por organismos globales, referentes para la salud pública, como es la Organización Mundial de la Salud.

Es muy sencillo. Solo necesitas disponer de instrumentos confiables  para medir el peso en kilogramos y la talla o altura. Luego de obtenidos estos valores, utilizarás la siguiente fórmula para poder conocer tu índice de masa corporal:

IMC = peso en Kg / (talla en m)2

Es decir, la operación aritmética consiste en dividir el peso corporal de la persona medido en kilogramos, entre su talla en metros previamente elevada al cuadrado.

Por ejemplo, si tu peso es 60 Kg y tu talla es 1,58 m,  tu IMC será igual a:

IMC = 60 Kg / (1,58 m)2 = 60 Kg / 2.4964 m2 =  24,03 Kg/m2

De acuerdo al valor del índice de masa corporal  la persona adulta se puede clasificar en:

Bajo peso: si tu IMC es menor de 18,5 Kg/m2

Peso normal: si tu IMC es igual o mayor que 18,5  y menor de 25 Kg/m2

Sobrepeso: si tu IMC es igual o mayor que 25 y menor de 30 Kg/m2

Obeso: si tu IMC es igual o mayor que 30 Kg/m2

Puedes hacer la prueba. Intenta primero suponer en cuál de estas categorías crees que te ubicas. Luego calcula tu índice de masa corporal  real y compara el resultado con el que suponías previamente. Es muy probable que te sorprendas al observar que no clasificas en el grupo que creías.  Puedes usarlo con familiares y amigos, de manera que así ayudarás de una forma entretenida a que estos tomen conciencia y controlen su peso corporal.

La obesidad tiene un componente genético que no se debe obviar
El patrón alimentario que conduce a que los niños sean obesos determina que también lo sean en la etapa de adultos

En el caso de los niños y los adolescentes se utiliza también el índice de masa corporal, pero la clasificación del peso corporal se realiza de manera diferente, teniendo en cuenta curvas previamente establecidas por estudios en estaos grupos de población.

Otras mediciones pueden usarse para determinar el grado de acumulación de grasas y su distribución  como lo son la circunferencia de la cintura, el índice cintura-cadera y  los pliegues cutáneos, entre otros.

Si mi índice de masa corporal  es mayor de 30, ¿cómo puedo saber cuán  grave es mi estado de obesidad?

La obesidad  también se puede clasificar en grados de acuerdo al índice de masa corporal. Así  podrás conocer el grado de afectación que representa tu nivel de obesidad y en base a esto evaluar cuáles son los riesgos que corres.  De acuerdo a esto tenemos:

Obesidad Grado I: si tu IMC es igual o mayor  que 30   y menor de 35 Kg/m2

Obesidad Grado II: si tu IMC es igual o mayor  que 35   y menor de 40 Kg/m2

Obesidad Grado III: si tu IMC es igual o mayor  que 40  y hasta  50 Kg/m2

Obesidad Grado IV (extrema): si tu IMC es mayor  que 50  Kg/m2

¿Cuál es la relación entre la obesidad y la genética?

Si les calculas el índice de masa corporal  a tus padres o a tus hijos, es muy probable que obtengas una relación de correspondencia con el tuyo. Es decir,  la presencia de sobrepeso u obesidad en los padres, puede implicar mayor riesgo de que la descendencia padezca también de este problema.

Por ejemplo, existen estudios que demuestran que cuando los dos padres son obesos,  el  80% de sus hijos eran obesos también. Por el contrario, solo menos del 10%  de los hijos de padres cuyo  peso era normal  sufrían de esta condición.

Sin embargo, este hecho no implica necesariamente una relación entre la obesidad y la genética o herencia. Los patrones culturales acerca de la nutrición y los estilos de vida propios de un país o región son también “heredados” o transmitidos de padres a hijos durante su crianza en el seno de la vida familiar.

Esto se ve muy bien representado por el pintor Fernando Botero. En una de sus famosas pinturas titulada “Una familia”, se puede apreciar que la madre, así como el padre y los niños son obesos. Sin embargo, no todo parece ser culpa de la genética pues, su mascota, el perro, también es obeso.

La obesidad en el seno familiar
Los hábitos o estilos de vida no saludables interactúan con la genética y se reproducen en el seno familiar involucrando a todos sus miembros

Por la compleja interacción que se produce entre factores ambientales y genéticos en el origen y mantenimiento del sobrepeso y la obesidad, se considera que este estado de  malnutrición es multifactorial.

¿En qué medida  la obesidad que padezco, puede deberse a la genética heredada de mis padres?

De lo anteriormente planteado se desprende, que la obesidad y la genética se relacionan de manera parcial. Es decir, no todo es culpa de los genes que heredamos de nuestros padres.

Sin embargo, existe  relación comprobada entre la obesidad y la genética.

Las enfermedades multifactoriales como la obesidad tienen implicados en su origen muy diversos genes.  Los genes se encuentran en las células, insertados en la molécula portadora de la herencia, que se denomina ácido desoxirribonucleico o ADN. Estos genes contienen la información sobre cómo será cada una de las proteínas que la  célula va a fabricar para efectuar sus funciones vitales.

Es decir, los genes constituyen el molde o plantilla que indica cómo se irán conformando dichas proteínas a partir de sus bloques o precursores: unas sustancias orgánicas pequeñas denominadas aminoácidos.

Cada persona puede tener pequeñas variaciones en algunos de estos genes que las hacen más propensas a padecer de determinadas enfermedades. A esto se le denomina polimorfismo genético. Generalmente estos genes ligeramente diferentes son heredados a partir de los padres.

En el caso de la obesidad como enfermedad multifactorial, cada uno de los muchos genes involucrados en su desarrollo hace una pequeña contribución,  en presencia de factores ambientales desencadenantes. Y observa cómo nuevamente el ambiente sale a relucir.

De esta manera, las enfermedades multifactoriales como la obesidad se concentran más en determinadas familias. En el caso de muchas  familias obesas, estas, ante determinadas características del ambiente, y debido a su dotación de genes ligeramente diferentes, responden con la acumulación excesiva de grasas en su tejido adiposo.

¿Cuáles  genes se han identificado como posibles contribuyentes al sobrepeso y la obesidad?

A pesar de que en la mayoría de los casos la obesidad se presenta como una enfermedad multifactorial, en algunos sí está presente la mutación o alteración de genes únicos. En realidad estos casos son raros y solo se han reportado algunos cientos de personas en esta situación.

Alrededor de 11 genes pueden provocar la obesidad si alguno de ellos se  encuentra mutado. Llama la atención que todos ellos tienen alguna relación  con las vías de ingreso de energía al cuerpo y no con las vías que conducen al gasto de energía. Es decir, están involucrados en los procesos que fiscalizan cuánta energía  ingresa al organismo a través de los alimentos, como por ejemplo la respuesta al apetito.

Uno de los ejemplos más clásicos es el de los genes que se relacionan con un mecanismo  de regulación denominado vía de la  leptina.  Esta es una hormona liberada por el propio tejido adiposo y que actúa en el cerebro activando la saciedad e inhibiendo el apetito.  Por esto una alteración  genética que influya en la cantidad y calidad  de leptina que se produce,  o de sus receptores a nivel del cerebro, puede conducir a la obesidad.

En personas con obesidad muy severa y con deficiencia en la producción o efecto de esta hormona, se les administró la leptina obtenida por ingeniería genética.  Esto provocó gran pérdida de peso, lo que fusionado con el incremento de la actividad física, acompañada de la disminución de la ingestión de alimentos y numerosos efectos beneficiosos para el funcionamiento del fisiologismo humano  en su conjunto.

Otras enfermedades genéticas causantes de obesidad son también muy raras, y entre ellas se encuentran:

  • El síndrome de Prader-Willi. Tiene una incidencia de un individuo por cada 10-30 000 nacidos vivos. Las personas con esta enfermedad genética comen desenfrenadamente por lo cual aumentan muy rápidamente de peso llegando a la obesidad grado III. La alteración genética  involucra a una proteína denominada ghrelina que es producida por el estómago y actúa sobre el sistema nervioso central influyendo en los procesos de control tanto del apetito como de   la saciedad.
  • El síndrome MOMO
  • El síndrome de Bardet-Biedl

Además de la leptina y la ghrelina, otros mediadores se han  identificado cuya alteración  pudiera conducir al desarrollo de la obesidad.

Las formas más comunes de obesidad involucran varios genes alterados de manera  simultánea, cada uno de los cuales contribuye  en menos del 5% como causantes de la enfermedad siempre que haya suficientes calorías disponibles. A esto se le denomina poligenes.

En general son genes que controlan el apetito o el metabolismo, que son las reacciones químicas que ocurren en el cuerpo y que permiten la vida. Estas reacciones del metabolismo utilizan energía, de manera que si se encuentran disminuidas, hay menor gasto de energía y el exceso se acumula como grasas en el tejido adiposo.

¿Qué  factores del ambiente pueden influir en la relación entre la  obesidad y la genética?

El hecho de que tengamos predisposición genética a padecer de sobrepeso y obesidad, no significa que necesariamente vayamos a padecer la enfermedad.

dietas para adelgazar 5 kilos
Las frutas son tus aliadas durante y después de una dieta

Los factores ambientales pueden modular en sentido positivo o negativo la relación entre la obesidad y la genética. En general se produce un desplazamiento del equilibrio hacia las calorías que se incorporan con los alimentos respecto a  las que se utilizan durante la realización de las funciones de las células y las actividades que desarrolla la persona. Es decir, se suministra al cuerpo  más energía  de la que este gasta. Estos factores incluyen:

Estilo de vida

En particular se refiere a:

  • La ingestión de comidas altamente calóricas, ricas en grasas, como las denominadas comidas rápidas
  • Ingestión de bebidas y alimentos  dulces azucarados. Se supone que provocan disminución del uso de la energía por el organismo y mayor acumulación de la misma en forma de grasas. También el estado líquido  de  las bebidas azucaradas se supone favorece el desarrollo de la obesidad.
  • Falta de actividad física o sedentarismo. Este factor disminuye el gasto energético y por tanto las necesidades de ingestión de calorías a través de la dieta. Se considera como estilo de vida saludable el efectuar al menos por 5 días en la semana, una actividad física de tipo moderada durante 30 minutos.
  • No desayunar o desayunar muy ligero. Se ha comprobado que esta costumbre predispone a la obesidad. No se conoce muy bien cuál es la causa de esta predisposición. Se cree  que  los niños que se saltan el desayuno pueden comer mucho durante el resto del día o ser menos activos o dispuestos a realizar ejercicios físicos.
  • Periodos de sueño  insuficientes

Ambiente social

Este incluye:

  • Estatus socioeconómico. Se evalúa generalmente a través de tres factores. Uno es el nivel ocupacional, que significa conocer si la persona está desocupada o si desarrolla algún tipo de actividad laboral, y si se trata del segundo caso, es necesario conocer las particularidades y características del tipo de trabajo que desempeña.

Otro factor es el nivel educacional que implica el grado de escolaridad más alto que alcanzó la persona.

El tercero y último es el nivel de ingresos monetarios.

El estatus socioeconómico  establece una relación compleja con el sobrepeso y la obesidad. Por ejemplo, en países desarrollados es más frecuente el sobrepeso y la obesidad en los estratos sociales más pobres. Se cree que esto se debe  a que la comida rápida es más barata y de acceso más fácil que la comida sana como lo es el pescado, las frutas y los vegetales, entre otros.  

Sin embargo, en los países pobres son aquellos que tienen un estatus socioeconómico superior quienes padecen más de esta condición, que está asociada en esos lugares a la acumulación de la riqueza.

  • Medios masivos de difusión. Incluyen la televisión, la radio, el material impreso y en los nuevos tiempos se adiciona el internet cada vez con mayor peso. Estos medios pueden influir en la selección de los alimentos que consumirán las personas y las actividades que realizarán.

La propaganda dirigida al incremento del consumo de alimentos ricos en grasas y alimentos azucarados puede tener un papel importante en la epidemia de obesidad que se experimenta en el mundo.  Por otra parte, si se logra que los medios de difusión emprendan  la divulgación y promoción de estilos de vida sanos, pueden tener un gran impacto para lograr disminuir los niveles de sobrepeso y obesidad en las comunidades.

El consumo moderado de alimentos ricos en grasas y en azúcares pueden contribuir de forma importante en la epidemia de obesidad
Evitar el consumo de alimentos ricos en grasas y alimentos azucarados de manera regular no ayuda a combatir o evitar la obesidad
  • Disponibilidad de áreas para la realización de ejercicios físicos. Esta suele ser menor en países de bajo desarrollo económico. Se desestimula así la realización de actividad física que favorece el desarrollo de sobrepeso y obesidad.

Es posible practicar ejercicios sin grandes instalaciones

Factores relacionados con el  desarrollo

  • Peso corporal en el primer año de vida. Se refiere a que se piensa que si un niño es obeso durante el primer año de vida tendrá mayor riesgo de padecer obesidad en su vida adulta.  Por el contrario, un menor incremento de peso en la vida neonatal disminuye el riesgo de obesidad en la adultez.
  • Fórmulas infantiles con alto contenido en proteínas. Producen un rápido incremento de peso, por lo que se vincula con lo anteriormente mencionado.
  • Lactancia materna. Se ha comprobado que mientras mayor es la duración de la lactancia materna menor es el riesgo de obesidad en la vida adulta.
  • Modo de alimentación. Un estilo de alimentación vigorosa que implica succionar más rápidamente y con mayor presión, mayor tiempo de succión y menor intervalo entre comidas favorecen la obesidad.
  • Pubertad y adolescencia. Los adolescentes están en mayor riesgo de padecer de obesidad debido a que en ellos se combinan el incremento de las necesidades energéticas y de nutrientes, la independencia financiera relativa, el incremento de la necesidad de autonomía a la hora de seleccionar los alimentos, con habilidades cognitivas inmaduras. Además, el incremento en la producción de hormonas sexuales provoca mayor apetito hacia los alimentos ricos en grasas.

También se sospecha que el nacimiento por cesárea y el uso perinatal de antibióticos predisponen a la obesidad.

Enfermedades médicas

Entre ellas se incluyen:

  • Enfermedades nerviosas y psiquiátricas, principalmente aquellas que incluyen ansiedad y depresión y que crean un apremio compulsivo por la ingestión de comida. Ejemplo de ello es la bulimia nerviosa
  • Enfermedades endocrinas como:
  • la diabetes mellitus,
  • el hipotiroidismo o baja producción de las hormonas tiroideas, que a su vez produce una disminución del gasto de energía por el organismo.
  • el síndrome de Cushing en el que se liberan grandes cantidades de una hormona esteroidea denominada cortisol y que trae como consecuencia la obesidad.

Algunos medicamentos

Como ejemplo podemos mencionar a medicamentos de uso en enfermedades psiquiátricas, que incluyen entre otros:

  • los antipsicóticos atípicos como la clozapina y quetiapina
  • los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina como la sertralina
  • los antidepresivos tricíclicos como la imipramina y la  amitriptilina

También el uso de antiinflamatorios esteroideos como la prednisona o anticonceptivos orales pueden estimular el incremento de peso y contribuir al sobrepeso y la obesidad.

Factores psicológicos

En niños se ha comprobado que sentimientos de tristeza y baja autoestima, así como el estrés se relacionan con un mayor apetito e incremento de peso.

¿Qué malas  consecuencias para la salud  me puede traer la obesidad?

La obesidad es causa o desencadenante de diferentes enfermedades, muchas  de las cuales son responsables de la mayor parte de las muertes por enfermedad  en el mundo. Se pueden mencionar como ejemplos:

  • Hipertensión arterial
  • Diabetes mellitus tipo II
  • Aterosclerosis
  • Enfermedades trombóticas, como infarto cardiaco e infarto cerebral.
  • Cáncer
  • Trastornos del sueño
  • Problemas psicológicos
  • Enfermedades hepáticas
  • Asma y otros problemas respiratorios

De particular importancia es que la obesidad predispone al síndrome metabólico caracterizado por la conjunción de algunas de las alteraciones mencionadas, y este representa un grave riesgo para la vida.

Después de toda la información que te hemos brindado podemos  volver a la pregunta que da título a este artículo.  Espero que estés de acuerdo con nosotros en que aunque la genética tiene alguna incidencia en el desarrollo de la obesidad, en la gran mayoría de los casos no es realmente determinante.

Desarrollando un  estilo de vida que incluya una alimentación saludable equilibrada, adecuados periodos de sueño y la práctica sistemática de realizar ejercicios físicos de manera regular, podremos en gran medida evitar la obesidad, así como sus desagradables y en ocasiones  nefastas consecuencias.

Te conviene recibir información complementaria sobre la práctica de ejercicios físicos

De esta forma, incluso si tienes la predisposición hereditaria,  disminuirás  al mínimo  la probabilidad de que se ponga de manifiesto la relación entre la obesidad y la genética.