PSICOLOGÍA: Dolor no resuelto, así puede afectar a tu vida


En temas de psicología, la mente humana es muy compleja. De hecho, muchas personas consideran que el dolor del alma o de la mente es mucho peor que el dolor físico. Por ello, creas o no en este tipo de enfermedades, debes tener claro que a ti también te puede ocurrir, que a veces la vida te sacude de manera que terminarás cayendo en aquello que siempre habías leído en las revistas o que te contaba una amiga y que tú no entendías cómo podía llegar a ocurrir eso. Cuando se hace casi crónico, muchas veces llega marcado por lo que se conoce como un dolor no resuelto.

Si has tenido un problema, un trauma o un desengaño que te ha afectado bastante y que duele, deberías trabajar en ello para que no te queden secuelas para siempre.

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Todo lo que debes saber sobre un dolor no resuelto

A menudo, cuando sentimos un dolor o un trauma de esas características solemos tomar un camino: pensar que el tiempo lo va a curar todo. Y sí, efectivamente no hay nada mejor que el tiempo, el reloj, en este caso, juega a nuestro favor y aunque ahora no sepas verlo, con el paso de las semanas, los meses o los años, todo va cicatrizando y la herida que ahora tienes en carne viva se calmará. Pero hay veces que la cicatriz nunca llega a desaparecer y nos marca de por vida, teniendo además mucha facilidad para volver a abrirse si algo nos sacude relacionado con ese tema.

De ti depende cómo afectará a tu vida futura. Es evidente que no puedes cambiar el pasado, ni deberías pretenderlo, y que el presente muchas veces duele, pero trabajar en ello hará que tu futuro sea mucho mejor que el momento que estás viviendo ahora.

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Por lo tanto, trabaja en tu herida. No hagas como que no existe, no te engañes a ti mismo. Está ahí, duele, lo sabes y lo sientes. Trata de dar respuesta a ese dolor no resuelto.

Afróntalo. Detecta qué es lo que te hace sufrir, cómo podrías mejorar ese sentimiento y cómo puedes sanar.

Entre los problemas que te pueden surgir a causa de un dolor no resuelto encontramos los siguientes:

Depresión y ansiedad:

La depresión y la ansiedad, a pesar de no ser lo mismo, van de la mano en muchas ocasiones. Un dolor crónico no resuelto te va a llevar con mucha probabilidad a ello. Y te aseguramos que ni es agradable, ni es fácil salir de ello.

Muchas veces, para evitar un daño mayor, debemos rompernos hoy. Sana, llora y patalea todo lo que quieras. Pero resuelve tu dolor para evitar caer en ello.

Ira:

Estás enfadado con la vida y eso te lleva a discusiones y peleas frecuentes. Te cuesta manejar la ira precisamente por la rabia que sientes contra todo. No entiendes por qué a ti, que eres una buena persona, te ha ocurrido algo determinado que ha causado tu dolor. No comprendes nada y eso te hace explotar a la mínima, aunque luego pidas perdón.

Desconfianza:

Si el dolor no resuelto viene causado por otra persona, esto sin duda va a marcar tus relaciones con los demás. Te volverás más desconfiado, te costará pensar que los demás no van a hacerte daño, te sentirás más solo y, lo peor, querrás estarlo.

Evidentemente, no podemos decirte que vuelvas a confiar, que nadie más va a volver a hacerte daño, porque ni conocemos tus relaciones ni podemos poner nunca la mano en el fuego por los demás. No la podemos poner ni por nosotros mismos, imagínate por alguien más.

Pero lo que sí te decimos es que para superar tu etapa actual debes abrirte, salir de tu cascarón y compartir vivencias con los demás. Hazle caso a tu instinto y aprende a distinguir entre quienes van a hacerte daño y quienes no, entre quienes merecen la pena y quienes no sirven en nuestra vida.

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Apatía:

Nada te hace ilusión, sientes que no te quedan sueños y que nada te motiva. Por más que mires a tu alrededor, no encuentras la forma de conseguir algo que te ilusione, porque sigues anclado en ese dolor no resuelto, que pesa más que todas las esperanzas futuras.

Esto también hace que sientas apatía hacia tu propia persona: no tienes interés en arreglarte, incluso te cuesta seguir una rutina porque sientes que estás en un círculo del que nunca vas a salir.

Arréglate, aunque no tengas ganas. Sal, valórate y quiérete.

Sentirte perdido:

Muy relacionado con lo que acabamos de comentar es ese sentimiento de sentirnos perdidos en el mundo, de no saber hacia donde vamos, porque sentimos que no queda ningún lugar en el mundo hacia el que querríamos ir. Y esto no es ni más ni menos que otra consecuencia de ese sufrimiento no resuelto.

Autodestrucción:

Este es sin duda el punto más complicado. Cuando nos asaltan los miedos, las inseguridades y la falta de ilusión por todo, comenzamos a vernos como nuestro propio enemigo. Debes tener clara una cosa: nunca nadie te va a querer como te debes querer tú a ti mismo.

Y sí, sabemos que suena a frase hecha y que, si estás leyendo esto, significa que nada te va a consolar en estos momentos. Pero debes trabajar en detectar ideas destructivas y en quererte a ti mismo.

La depresión es frecuente y común

Cansancio:

Sientes cansancio por todo. Por trabajar, por hacer las tareas de la casa, incluso por ir al parque con los niños. Te cuesta dormir aunque estés cansado y te falta el deseo para hacer cualquier actividad que antes era habitual.

Y de nuevo nos encontramos ante la pescadilla que se muerde la cola porque, precisamente, el deseo por la vida es lo que necesitas para resolver tu dolor.

Entonces, ¿cómo acabamos con el dolor no resuelto?

Lo primero, debes calmarte y tratar de tomar consciencia de la situación. Si es un dolor de apenas unos días o unas pocas semanas, intenta dar pasos en la dirección correcta. Piensa en lo que te preocupa, ve marcándote objetivos y muévete hacia ellos. Poco a poco irás notando mejoría.

Piensa en cosas que te gustaban hacer antes de que apareciera este dolor y retómalas, aunque no te apetezca. Piensa en cosas que nunca has hecho y que te gustaría. Aprovecha ahora para cuidarte y darte esos caprichos que tanto deseabas. Localiza nuevas actividades, conoce personas nuevas y abre tu mente. Es el momento de dejar paso a tu nuevo yo. Y sobre todo, deja de culparte, no pienses en lo que podrías haber hecho mejor o diferente, has tomado en cada momento las decisiones que creías oportunas, aunque ahora lo veas desde una óptica diferente. Suelta ya eso que te está causando tanto dolor, dejar ir es lo más importante que debes aprender a hacer ahora.

Pero si la situación se está haciendo crónica, si ya llevas meses e incluso años (esperamos que no hayas llegado a este punto), debes tener claro que necesitas ayuda profesional. Tú decides si vivir tu vida con un eterno dolor o si soltar eso y seguir adelante.

Recuerda siempre una frase que, incluso en los momentos de mayor oscuridad, te dará más luz: «Has venido a ser feliz. No te despistes». 

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