PSICOLOGÍA: Diferencias entre el duelo normal y el duelo patológico


Todos, en algún momento de nuestra vida, nos tendremos que enfrentar a la pérdida de un ser querido. A veces es una pérdida voluntaria, ya sea por nuestra parte o por la de la otra persona, un «abandono» que llega porque la relación no avanza, porque uno de los dos ya no es feliz o porque, simplemente, se acaba. Otras veces, la pérdida es forzosa: la muerte se lleva a aquella persona sin la que sentimos que no podemos vivir. Pero la vida es eso: nacimiento y muerte, coincidencia y pérdida y debemos asumirlo. Pero no podemos hacerlo de la noche a la mañana, hay un período de luto, un tiempo (más o menos prolongado según el caso) que debemos sobrellevar lo mejor posible y superar. Por ello, hoy queremos hablarte de los tipos de duelos que existen y contarte las diferencias entre el duelo normal y el duelo patológico.

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El duelo: diferencias entre el duelo normal y el duelo patológico

llorar para el dolor de ojos

Duelo normal:

El duelo normal es totalmente necesario después de una pérdida. Es absolutamente normal que lo sintamos y de hecho, debemos pasar por él, nos guste o no. Se caracteriza por la preocupación acerca de si se olvidará a la persona que hemos perdido, pero además aparecerán malestares fisiológicos, ira, culpabilidad, tristeza, depresión e imposibilidad para retomar las actividades normales.

El duelo normal tiene sus fases y su tiempo, pero no debemos quitarle importancia ya que se puede volver patológico.

Blue Monday

Duelo patológico:

El duelo patológico es un tipo de duelo que se nos ha complicado, una intensificación que hace que la persona entre en una espiral muy complicada de salir. Si la nueva situación no se asume y nos desborda, no nos podremos curar.

Dentro de los duelos patológicos, hay diferentes subtipos:

Duelo crónico:

El duelo crónico es aquel que dura demasiado y que no llega a sanar nunca. No, no es normal seguir llorando como el primer día después de varios años o vernos imposibilitados a seguir con nuestra vida. Es normal que recordemos a esa persona con cariño, incluso que la sigamos echando de menos, pero si pasan los años y sigue siendo una losa en nuestra vida, sin duda estamos ante un dolor crónico.

Duelo pospuesto:

¿Qué ocurre si nos recuperamos demasiado rápido o si, simplemente, no pasamos por el duelo? Es posible que te sorprendas ante lo bien que has llevado determinada situación, pero esto no hará otra cosa que posponer el dolor. El duelo hay que pasarlo, siempre, forma parte de nuestra condición humana y si no lo afrontamos como se debería, la siguiente vez que tengamos una pérdida el dolor se multiplicará desproporcionadamente. También puede ocurrir que un día, sin venir a cuento, de repente caigamos en ese abismo por cualquier cosa que nos haya recordado a esa persona: una película, una canción, encontrar un objeto personal…

Por tanto, no debemos tener prisa ni negarnos la realidad, pero tampoco abandonarnos a ese duelo patológico que se puede tornar crónico.

Duelo exagerado:

Si nos identificamos duelo exagerado, no debemos dejar pasar el tiempo y hay que tratar de encontrar ayuda profesional. Este tipo de duelo es el más peligroso a corto plazo, ya que nos llevará a tomar conductas que nada tienen que ver con nuestra forma de ser ni nuestra manera de vivir. En este punto, a esa persona no le importa destruirse y sin duda nos puede marcar de por vida si tomamos decisiones incorrectas.

Debemos evitar a toda costa la desesperación irracional y caer en un estado continuo de ansiedad y depresión.

Duelo reprimido:

Este tipo de duelo es el que nos hacemos a nosotros mismos, nos provocamos la necesidad de no sentir duelo, de no caer en el abismo, nos lo negamos sin darnos cuenta del daño que nos estamos haciendo. Pasar por el duelo es esencial, es imprescindible.

Si no lo hacemos, desarrollaremos síntomas físicos y psicológicos difícilmente solucionables y que irán apareciendo a corto, medio y largo plazo.

Depresión

Cómo evitar el duelo patológico

Como decimos, no podemos evitar perder a una persona, ya sea una ruptura o un fallecimiento. No podemos negarnos a nosotros mismos la necesidad de sufrir por ello, el daño y el dolor forman parte de la vida. Eso es así y cuanto antes lo aceptemos mejor.

Debemos confiar en el mejor amigo del ser humano, el tiempo, ese que dicen que pone a todos en su lugar y que también nos da las mejores respuestas, también nos ayuda en los casos de pérdida y de duelo.

Lo importante durante el duelo es que encontremos apoyo en alguien que esté a nuestro lado y que nos tienda la mano cuando nosotros no queramos coger aire para seguir con nuestra vida. Pero sobre todo, también es importante que nosotros mismos tomemos un poco de responsabilidad sobre lo que estamos haciendo. A veces sienta bien acordarnos de experiencias negativas en el pasado que, aunque ahora nos parezcan mucho más insignificantes que lo que estamos viviendo ahora, en su momento también nos dolió y también supimos salir adelante y volver a ser felices.

Por tanto, date tiempo. Permítete pasar un duelo normal, llorar, hundirte unos días, pero no pierdas nunca de vista la salida. Ve dando pequeños pasos hacia ella y busca cosas que te motiven, que te ilusionen. Probablemente no veas ninguna, pero ya verás como al final, los pequeños pasos son los que más ayudan a dar la zancada final que te permita no caer en un duelo patológico que sí que puede llegar a ser mucho más peligroso y que puede hacer que nuestra vida quede marcada para siempre.

Acude a una ayuda profesional, aunque creas que no la necesitas, un psicólogo o psiquiatra tiene las herramientas necesarias para ayudarte a salir del hoyo en el que te encuentras ahora.

También, reconocer las fases del duelo te ayudará a identificar en qué punto te encuentras ahora mismo, cuál es la siguiente etapa y a saber que pronto habrá salida y que nada dura para siempre.

No te dejes arrastrar por la depresion

Las fases del duelo, de forma resumida, son:

  • Fase de negación: Nos negamos a nosotros mismos que hayan ocurrido los hechos, no queremos aceptarlo y continuamos engañando a nuestra mente como si nada.
  • Fase de ira: Nos damos cuenta que la fase anterior solo era un espejismo y descargamos toda nuestra ira sobre nosotros mismos, sobre quienes nos rodean y sobre el mundo.
  • Fase de negociación: Tratamos de negociar, de forma real o de forma desesperada, para que la situación se solucione. Si ha sido un fallecimiento, evidentemente no tiene solución y debemos admitirlo cuando antes.
  • Fase de depresión: Cuando vamos perdiendo la esperanza, caemos en una fase de depresión y tristeza por asumir que lo que fue, ya no volverá.
  • Fase de aceptación: Pero cuando más oscuro se ve todo es cuando finalmente brillan las estrellas. Tras la fase de depresión precisamente viene la fase de recuperación. Y todo vuelve a brillar.

Es importante que tomes conciencia de que el duelo normal es imprescindible, pero que no puedes permitirte desarrollar un duelo patológico. Ni por ti ni por nadie. Aunque ahora no lo creas, tu caída haría daño a las personas que te quieren. Hazlo por ellas. No lo permitas.

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