El efecto yoyó en la alimentación: ¿qué puedes hacer para evitarlo?


Seguro que más de una vez has oído hablar de él, pero, ¿sabes qué es el efecto yoyó en la alimentación y cómo puedes evitarlo? Hoy te queremos hablar de él, ya que es uno de los principales problemas a los que se enfrenta una persona cuando ha perdido peso. El miedo a volver a ganar todo lo perdido, además de algunos kilos extras, pueden tirar por tierra todo el esfuerzo de las personas y volver a unos valores totalmente indeseados, entrando en una espiral de la que es muy difícil salir.

Por eso, es muy importante que sepas qué es para que puedas lidiar con él. Ya sabes: conoce a tu enemigo para conseguir vencerlo. El efecto yoyó no es invencible, ni mucho menos. Pero tú debes tener en cuenta que tampoco puedes ignorarlo. Y lo mejor (o lo peor, en algunos casos) es que no puedes vencerlo una vez ha aparecido o por lo menos no te va a resultar tan sencillo. La forma más fácil de evitar el efecto yoyó es trabajar en contra de él desde el primer instante en que te decidas a perder peso.

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Qué es el efecto yoyó

Antes de explicarte como vencerlo, queremos mencionarte qué es el efecto yoyó y cómo puede afectar a tu alimentación y verse afectado por ella. El efecto yoyó es el cambio que experimenta el cuerpo cuando ha perdido mucho peso, la mayoría de las veces de forma insana. Es una respuesta natural del cuerpo, que busca recuperar todo lo perdido e incluso más, para sentir que tiene reservas si vuelve a suceder una pérdida similar y para incluso ganar un “extra”.

Su nombre precisamente se debe a ese yoyó con el que todos hemos jugado cuando éramos pequeños. Todo lo que sube baja o, mejor dicho, en este caso, todo lo que baja sube. Pero para evitar el efecto yoyó hay que tener muy claro cómo se hacen las cosas y sobre todo primar la salud por encima de cualquier valor estético. De hecho, si lo que quieres evitar son los kilos que se recuperan de una forma increíblemente fácil, deja de contar calorías y empieza a identificar qué tipo de alimentos son los que juegan un papel más importante en tu salud y cuáles son los que tienen la capacidad de perjudicarte más.

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Las dietas milagro son una de las mayores enemigas del efecto yoyó

De hecho, no es que sean unas de las mayores enemigas, si no que son prácticamente la única causa por la que suele aparecer este efecto yoyó. Nos referimos a ese tipo de dietas en las que se restringe de forma radical la ingesta de calorías y, por tanto, también ciertos tipos de alimentos. Hay algunas dietas milagros que piden al usuario que solo consuma potitos o que solo tome líquidos, algo que, evidentemente, hace que adelgaces muy rápido, pero también tiene unos efectos muy perjudiciales para tu salud.

Y, además de estos efectos perjudiciales para la salud, también causan el llamado efecto yoyó o efecto rebote. El efecto rebote de las dietas milagro favorece que, cuando la persona ya ha llegado al peso deseado y comienza a comer de nuevo normal (obviamente nadie puede estar toda su vida a base de líquidos o a base de potitos), el cuerpo lo interpreta como una señal para quedarse todo lo que pueda, hacer reservas y estas reservas se gestionan a base de kilos, algo que es totalmente contrario a lo que precisamente hemos buscado al hacer dieta tan estricta.

Entonces, ¿cómo podemos evitar el efecto rebote?

Lo primero que tienes que tener claro es que la base es lo más importante. Nunca hagas una de las llamadas dietas milagro. Lo sentimos mucho: pero los milagros en cuestión de estética no existen. Si una dieta te promete adelgazar una cantidad ingente de kilos en muy poco tiempo, algo que incluso tú sabes que es extremadamente “Milagroso”, nunca mejor dicho, tú ya bien sabes que sí, que puede cumplir este objetivo, pero que a cambio te pedirá algo. Y ese algo es tu salud, además del efecto rebote que ya te hemos comentado.

Entonces, el primer consejo sería este: nunca hagas una dieta milagro. Pero si ya la has hecho, sigue leyendo que vamos a tratar de ayudarte con estos consejos que te van a costar más de aplicar que al resto de personas, pero te van a servir de ayuda también.

Para evitar el efecto rebote lo mejor es perder peso de una forma contenida. Es mejor marcarte un objetivo a largo plazo que tratar de perderlo todo en dos semanas. No tiene ningún sentido. Lo que baja tan rápido, se recupera también muy rápido.

Busca cambiar hábitos. Si antes tus cenas eran siempre muy copiosas, reduce cantidades y opta por alimentos poco calóricos. Haz ejercicio para movilizar tus grasas y conseguir que el cambio positivo no venga solo de la alimentación, también tiene que venir de tus rutinas. Y en este sentido, no busques convertirte en un deportista de élite si nunca has hecho deporte, lo importante es que vayas poco a poco mejorándote a ti mismo. Puedes probar comenzando por “forzarte” a hacer un paseo diario o a buscar un programa de entrenamientos para hacer en casa, que sea guiado para que puedas hacer cosas que realmente te vayan a ayudar.

Al cambiar hábitos lo que conseguirás es que tus nuevas rutinas incluyan ejercicio y comida real y sana. Esto, aunque ahora tal vez te parecerá una utopía, lo importante es que, aunque tú no lo creas, con el tiempo ya no te va a apetecer pasar tres días sin moverte del sofá o cenarte cada noche una pizza grasienta. ¿Crees que miento? Pruébalo y verás como poco a poco algo va cambiando en ti. En cuanto empieces a notar los resultados y tú también te notes mejor, con energía y con salud, no vas a querer volver atrás.

Tu peso puede variar

En caso de que, con el tiempo también poco a poco vayas soltando frenos y notes que tus cambios están yendo a peor, es importante que hagas un ejercicio de conciencia y busques no caer de nuevo en rutinas tóxicas, que son más fáciles de adquirir que las saludables.

No hacer dietas milagro, mejorar tu alimentación apostando por comida real y hacer ejercicio. Estos son los tres pilares para conseguir obtener la figura que deseas, cuidando tu salud y evitando que aparezca un efecto rebote.

El efecto yoyó es una de las demostraciones y señales de alarma que nos da nuestro cuerpo para decirnos que algo no se ha hecho como se debería. Recuerda siempre esto: cuando alguien te venda una dieta milagro, recházala y apuesta mejor por un estilo de vida sano. Los estilos de vida sí funcionan, los milagros, al menos en este campo, no. Cuida tu salud, cuidando tu alimentación y tu vida activa, y pronto podrás olvidarte de ciertas palabras como el efecto yoyó. Además, descubrirás la ventaja de dejar de contar calorías y simplemente fijarte en qué alimentos son los que te hacen mejorar tu vida y los que te hacen sentirte mejor. No tires la toalla.

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