Cómo evitar las discusiones con los cuñados en Navidad


La típica estampa de la cena navideña se repite cada año a lo largo y ancho de todo el mundo. Aunque te creas especial, no lo eres: la suegra insistiendo en que no has comido nada, tu madre yendo y viniendo mil veces a la cocina, tu tío agarrado a la botella de anís del mono, tu tía (la que ni está casada ni quiere estarlo) contando sus viajes por el mundo, tu sobrino o hijo metiendo los dedos en los huevos rellenos y tu cuñado sacando temas que saben que te encienden. Te suena, ¿verdad? Hoy queremos hacer este artículo en clave de humor para que las discusiones con los cuñados no arruinen la velada de Navidad.

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Las discusiones con los cuñados: un clásico de cada Navidad

Lo cierto es que, aunque sea el origen de muchas bromas, hay veces que las discusiones con los cuñados pueden llegar a arruinarle la noche a tus padres, a tus hermanos o a tu pareja. Y es que si la disputa se sale de lo gracioso y el ambiente se comienza a caldear, una tontería puede derivar en una pelea de verdad.

Por ello, a continuación te queremos dar algunos consejos para evitar las discusiones con los cuñados.

No entres en su juego:

discusiones con los cuñados
Hablad del tiempo, de viajes, de trabajo (siempre que no trabajéis juntos) o incluso del próximo evento familiar. Pero evitad a toda costa los temas tabú: fútbol y política

Si notas desde el minuto cero que inicia tema controvertido, intenta no entrar en sus redes. Si tenéis ideología política diferente, evitad este tema; si vuestros equipos acaban de enfrentarse entre sí, evitad este tema. De verdad, hay muchos temas para hablar que no suponen enfrentamiento.

¿Por ejemplo? Podéis hablar del gimnasio al que os queréis apuntar, de ese conocido que tenéis en común, de vuestros planes para el año nuevo o de vuestros trabajos.

No te sientes junto a él:

discusiones con los cuñados
Si no puedes evitar las discusiones con los cuñados, ¡no te sientes junto a ellos!

La mesa es muy larga pero, no sabes cómo, siempre terminas sentándote a su lado o frente a él. En el fondo os buscáis y os gusta la «pelea». ¡Cambiad de sitio! Sí, como los niños pequeños cuando los separan en clase. Pero pensad que, cuando estáis discutiendo, es lo que parecéis.

Y si no puedes con tu enemigo, únete a él:

discusiones con los cuñados
¿Y si sorprendéis a vuestros padres con una cena, por fin, pacífica?

Síguele el rollo. Así de fácil. Si las discusiones con los cuñados se originan porque son el clásico sabelotodo que no acepta una opinión diferente a la suya, dale la razón. Es tan sencillo como evitar el orgullo por el bien de la cena familiar y sorprenderle diciéndole que sí, que estás de acuerdo en todo. Tú yo interior se reirá mucho cuando descubra la cara de sorpresa que pondrá al descolocarle tanto que, este año, no tiene con quien rebatir opiniones que todos ya sabemos que tiene.

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