Artrosis de rodilla


Introducción

La rodilla es la articulación más compleja del cuerpo humano, con 2 compartimentos femorotibiales, interno y externo y un compartimento femoropatelar, formado por la rótula (Figura 1). Para facilitar la biomecánica de la rodilla, el cartílago articular tapiza las superficies articulares, jugando un papel fundamental en el normal funcionamiento de esta articulación de carga (como en la cadera y tobillo, a diferencia del hombro o muñeca, por ejemplo)

Articulación de la rodilla
Figura 1. Articulación de la rodilla formada por el fémur (a), tibia (b) y rótula (c), recubiertos por el cartílago articular (*).

La artrosis de rodilla o gonartrosis es un proceso degenerativo del cartílago articular que puede afectar a uno o varios compartimentos de la rodilla. Este desgaste de la articulación puede ser primario (por la edad o alteraciones de los ejes del miembro inferior) (Figura 2) o secundario (por fracturas que alteran la anatomía de la rodilla). Lógicamente, el desgaste del cartílago en las personas mayores suele ser bilateral.

Rodillas
Figura 2. Rodillas normoalineadas (b) y con ejes alterados: genu valgo (a) y genu varo (c).

Por otra parte, la obesidad es un factor clave en la severidad de la artrosis de rodilla. Diversos estudios han demostrado que las personas obesas están expuestas 8 veces más que las delgadas a desarrollar artrosis en ambas rodillas, por una evidente sobrecarga mecánica del cartílago articular.

 

Diagnóstico de artrosis de rodilla

El diagnóstico clínico suele ser sencillo. Estamos ante una rodilla dolorosa, tumefacta por el derrame articular que suele asociar y, en muchas ocasiones, deformada (Figura 3). El dolor se calma con el reposo, aumentando con la bipedestación y la marcha. En ocasiones, el paciente puede referir inestabilidad en la rodilla, en forma de fallos y bloqueos articulares ocasionales, así como rigidez articular con disminución de la movilidad, principalmente la flexión de la rodilla.

Rodilla artrósica
Figura 3. Rodilla derecha artrósica con tumefacción y derrame articular.

El exámen radiológico es fundamental para establecer el diagnóstico. La radiología simple mostrará los signos típicos de la artrosis: estrechamiento del espacio articular, presencia de osteofitos y esclerosis subcondral (Figura 4). No es necesaria la resonancia magnética para el diagnóstico de la artrosis.

Radiografía de rodilla
Figura 4. Radiografía AP de rodilla con estrechamiento articular (a), osteofitosis (b) y esclerosis subcondral (c)

 

Tratamiento para la artrosis de rodilla

Básicamente, el tratamiento médico de la artrosis de rodilla está indicado cuando el dolor y la impotencia funcional limita las actividades cotidianas, repercutiendo en la calidad de vida. Es decir, ante un paciente con artrosis de rodilla no sintomática y sin limitaciones en su vida diaria, no es necesario ningún tratamiento médico.

Este tratamiento está basado en 3 puntos:

 1. Medidas de higiene articular.

Comprende fundamentalmente el reposo articular, con la pérdida de peso del paciente con sobrecarga articular (sobrepeso, obesidad), y evitar la sobrecarga mecánica, reduciendo la actividad de bipedestación y marcha, pudiendo beneficiarse en algunos casos del uso de bastón, para descargar la rodilla afecta.

2. Fisioterapia.

Para minimizar la pérdida de movilidad y aumentar el tono muscular, con el fin de disminuir la inestabilidad articular. Como actividad deportiva, los ejercicios donde la rodilla no esté sometida a impactos repetidos contra el suelo (bicicleta, natación, gimnasio) son los más recomendables. No aporta ningún beneficio, las marchas prolongadas, pues agravan el deterioro del cartílago articular de la rodilla.

3. Tratamiento farmacológico.

Aquí habría que diferenciar 2 tipos de medicación.

A) Medicación antiálgica y antiinflamatoria.

Actúan contra el dolor artrósico. Los AINE (Antiinflamatorios No Esteroideos) son los más empleados, habiendo mejorado en su mecanismo de acción, disminuyendo los efectos colaterales gastrointestinales.

B) Condroprotectores.

Como el condroitin sulfato, que favorece la formación de proteoglicanos, ácido hialurónico y colágeno tipo II, sustancias presentes en los tejidos que forman el cartílago. Por tanto, ayudarían a “regenerarlo”. Otras sustancias, como el ácido hialurónico o el colágeno ambos por vía oral, pueden tener un efecto beneficioso, aunque no existe aún evidencia científica relevante a su favor. Los productos con “cartílago de tiburón” o derivados no tienen ninguna función beneficiosa sobre la rodilla, estando fundamentados en creencias asiáticas sin ninguna base científica.

C) Viscosuplementación.

Consiste en la inyección intraarticular de ácido hialurónico, mejorando la lubricación de la rodilla, y por tanto su función articular. Indicado en estadíos no avanzados de artrosis de rodilla y cuando los tratamientos conservadores previos no han sido eficaces.

Cirugía

Todas estas terapias están orientadas a mejorar la funcionalidad de la rodilla. Pero en determinados pacientes, estos tratamientos no reducen el dolor ni la disfunción articular, repercutiendo de manera significativa en su calidad de vida. En estos casos, el enfoque quirúrgico es necesario.

Actualmente, existen 3 tipos de cirugías: cirugía artroscópica, osteotomías y cirugía protésica. Las 2 primeras son paliativas, es decir, van a mejorar temporalmente la funcionalidad de la rodilla, mediante la limpieza articular (artroscopia de rodilla) o con la corrección de las desviaciones del miembro inferior (osteotomías). Solo están indicadas en estadíos iniciales de la artrosis de rodilla, contraindicándose su realización en la artrosis de rodilla avanzada.

En estos casos, la prótesis total de rodilla (PTR) juega un papel fundamental. La PTR está formada por implantes metálicos que sustituyen las dos partes de la articulación natural enferma. Consiste en un componente para recubrir la superficie del fémur, otro para la superficie de la tibia y otro para la rótula, con un inserto de polietileno para hacer que las superficies sean más congruentes, permitiendo un movimiento parecido al de una rodilla normal (Figura 5).

Prótesis de rodilla
Figura 5. Prótesis total de rodilla con sus 3 componentes principales: fémur (a), tibia (b) y polietileno (c).

No es una cirugía definitiva porque con el paso del tiempo y sobre todo en pacientes más jóvenes con gran actividad, con sobrepeso, o con hueso de peor calidad, lo más probable es que deban ser sometidos a una segunda o tercera intervención para cambiar la prótesis por aflojamiento de algún componente. Aún así, el 95 % presentan un buen resultado durante 10 años.

Conclusión

La artrosis de rodilla no es una enfermedad grave ni reduce la supervivencia del paciente, si bien, ocasiona una impotencia funcional manifiesta en el paciente, repercutiendo en algunos casos de manera determinante en sus actividades diarias.

No existe tratamiento capaz de curar la artrosis. Sin embargo, hoy en día se dispone de un amplio arsenal terapéutico para mejorar la situación del paciente. Mediante estas medidas se consigue evitar o disminuir los síntomas de la artrosis de rodilla, retrasando su evolución y, en definitiva, mejorar la calidad de vida del paciente. En las próximas décadas, las nuevas innovaciones tecnológicas, aumentarán la supervivencia de los implantes protésicos, reduciendo el número de cirugías necesarias para mantener un grado óptimo de funcionalidad de la rodilla.